12/03/2009

La SESPAS aboga por "acometer drásticas transformaciones" y "cambiar las reglas del juego" para promocionar la Salud Pública

El XIII Congreso de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)ha sido clausurado en Sevilla con un Manifiesto que demanda una mayor presencia de la salud en todas las políticas públicas. La crisis económica, el urbanismo descontrolado, el cambio climático o la pobreza infantil en los países en desarrollo, han sido elementos que 1.300 profesionales han tenido en cuenta a la hora de ofrecer su diagnóstico y tratamiento adecuado a los problemas globales y nacionales relacionados con la Salud Pública. Publicamos el texto íntegro del

MANIFIESTO:

En el XIII congreso de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SEPAS), que bajo el lema de “Tiempos para la Salud Pública”, se ha celebrado en Sevilla del 3 al 6 de marzo de 2009 y al que hemos asistido alrededor de 1.300 profesionales de los distintos ámbitos de la salud pública de toda España, se acuerda el presente manifiesto:

En el mundo en que vivimos, donde los determinantes de la salud son cada vez más globales, carecemos de suficientes mecanismos efectivos de protección en el ámbito mundial. Urge pues establecerlos, así como disponer de los procedimientos reguladores internacionales adecuados. Pedimos que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, tengan en cuenta la salud de la población a la hora de tomar decisiones. Asimismo, conviene reformar y reforzar las agencias multilaterales responsables específicamente de salud, como la Organización Mundial de la Salud. así como reformar y reforzar las agencias multilaterales responsables específicamente de salud.

Las desigualdades en salud son un impedimento para el desarrollo de las sociedades. Las acciones de salud pública, que tienen en cuenta los determinantes sociales, pueden ser efectivas para reducirlas. Invertir en la salud, educación y desarrollo de las mujeres es a su vez una manera de mejorar la salud de todas las personas y reducir las desigualdades, ya que a ellas afectan principalmente la mayoría de los determinantes sociales como la pobreza, la precariedad en el empleo y la discriminación en el reparto del poder y en el uso del tiempo.

El cambio climático es una amenaza real para la salud de la humanidad, especialmente para las personas y los países más vulnerables, por lo que se requiere una respuesta inmediata. Exigimos del Gobierno de España, de los Gobiernos Autonómicos y de las Autoridades locales acciones efectivas para reducir las emisiones de gases efecto invernadero, cumpliendo con el protocolo de Kyoto y adoptando nuevos acuerdos internacionales en la misma dirección. Estas acciones deberían ir encaminadas a modificar el sistema energético y de transporte, la promoción de las energías renovables y de la movilidad sostenible; y no sólo permitirán reducir las emisiones de C02, sino también de otros muchos contaminantes atmosféricos que hoy tienen tantos impactos relevantes en nuestras ciudades. Exigimos de las empresas y entidades públicas y privadas actuaciones responsables para reducir sus propias emisiones, y llamamos a la ciudadanía a participar responsablemente en este esfuerzo colectivo. En la medida en que, además, son necesarias medidas de adaptación al cambio climático que ya se está produciendo, la salud debería estar en el centro de las políticas nacionales de adaptación así como en los programas de cooperación con los países más vulnerables.

Durante los últimos años se ha desarrollado un proceso descontrolado de urbanización, sin una ordenación territorial adecuada a las necesidades presentes y futuras de las personas. Así, la noción de ciudad saludable ha estado completamente ausente de los procesos urbanísticos desarrollados en los últimos años. Reclamamos, por tanto, de los responsables públicos la incorporación del valor salud en la planificación estratégica urbana de las futuras ciudades y pueblos.

La crisis económica y sistémica global que padecemos tiene un sensible impacto en la población, más brutal en las personas excluidas y con menores recursos. Requerimos que se refuercen las políticas sociales que disminuyan el impacto negativo sobre la población más afectada. La actual crisis tiene sus causas y sus responsables, de manera que no se debe persistir en los modelos de crecimiento y desarrollo depredadores e insostenibles. La crisis puede ser una oportunidad si aprendemos la lección y actuamos en consecuencia, cambiando las cosas, promoviendo la soberanía ciudadana. No es que no sea posible otro mundo, es que ahora mismo es imprescidible. evidente en las personas concretas; impacto que puede ser aún más brutal en las personas más excluidas y con menos recursos de todo tipo.

También queremos llamar la atención sobre la creciente medicalización de la vida cotidiana, debido al papel que juegan la industria de medicamentos y tecnologías sanitarias, pero también las administraciones sanitarias, los profesionales y servicios de la salud. El crecimiento de los costes sanitarios, si bien se debe en parte a factores relacionados con la demanda, también viene dado por esta tendencia a la medicalización y por un incremento exponencial de tecnologías cada vez más sofisticadas y medicamentos de última generación. Estas nuevas tecnologías y medicamentos, en la mayor parte de las ocasiones aportan un valor pequeño sobre los que ya existían previamente. Particular preocupación suscita la magnitud alcanzada por los efectos adversos de la atención sanitaria, que se han convertido en un verdadero problema de salud pública.

Es necesario, pues, acometer drásticas transformaciones. En primer lugar, cambiar las reglas del juego en las relaciones entre Administración Sanitaria y profesionales de salud (y sus instituciones y asociaciones) por un lado, y la industria por el otro.

En segundo lugar, es preciso redefinir las reglas del juego en las relaciones entre todos estos actores y la propia sociedad., especialmente en la necesaria participación en la toma de decisiones sobre la incorporación de nuevos servicios y tecnologías de salud, para evitar decisiones populistas en la ampliación de la cartera de servicios preventivos (sin un proceso independiente y pausado de evaluación a priori de su impacto y costes de oportunidad), e impedir o por lo menos dificultar la propagación de creencias erróneas y falsas expectativas sobre el poder de los servicios sanitarios para prevenir cualquier riesgo o para “tratar” cualquier suceso vital. Hay que reorientar nuestro sistema sanitario hacia la promoción de la salud y la participación comunitaria, fortaleciendo la Salud Pública. En este sentido, debe replantearse la relación y coordinación entre los diferentes niveles asistenciales y la salud pública, especialmente los de atención primaria, así como mejorar la coordinación entre el Sistema Nacional de Salud y el de Seguridad Social.

Asumiendo la responsabilidad que nos corresponde, proponemos una alianza estratégica entre las sociedades ciudadanas, profesionales y científicas y los sistemas sanitarios que permita aprovechar la crisis para reorientar efectivamente las actuaciones sanitarias a las necesidades de la población, reduciendo el consumismo, la medicalización y la iatrogenia.

En nuestro natural europeo, la Salud Pública ocupa un lugar marginal en las agendas político-institucionales, y el abordaje intersectorial de los determinantes de la salud tiene todavía una presencia muy débil en los países europeos. Por ello, consideramos que debemos de estrechar nuestra relación y alianza con la European Public Health Association (EUPHA), y conjuntamente reclamar de las Instituciones y Gobiernos europeos un mayor compromiso con la Salud Pública y la estrategia de Salud en Todas las Políticas.

Por último, y sobre la base de la experiencia acumulada en los últimos años, donde están también los errores, apoyamos decididamente los movimientos de reforma y actualización de la Salud Pública iniciados en varias Comunidades Autónomas, así como el compromiso del Ministerio de Sanidad y Consumo de impulsar una Ley de Salud Pública. Iniciativas de reforma y actualización que deben llevarse a cabo de manera transparente y participativa, contando con los profesionales, pero también con otros sectores y actores sociales. La participación comunitaria, aún con las dificultades de articulación que implica, sigue siendo una asignatura pendiente entre nosotros, pero no podemos seguir pensando para las personas sino con ellas, reconociendo el derecho legítimo de la ciudadanía a participar en la toma de decisiones que afectan a la salud.

Vivimos tiempos de crisis e incertidumbres, pero apostamos siempre por la esperanza. Tenemos y queremos poner el conocimiento y la evidencia al servicio de los cambios y transformaciones necesarias para hacer que todas las personas, en igualdad de oportunidades, puedan tener una vida más saludable.

¡Son Buenos Tiempos para la Salud Pública!

En Sevilla, a 6 de marzo de 2009