12/08/2009

¿Están alterando los tóxicos nuestros genes?

Un artículo de Scientific American del pasado 3 de agosto informa de que la comunidad científica está acumulando un creciente número de pruebas de que los contaminantes y las sustancias químicas podrían estar alterando nuestros genes, no por mutación, sino por el envío de señales sutiles que los silencian o los activan en tiempos erróneos.

La semana pasada, varias decenas de investigadores y expertos convocados por las Academias Nacionales se reunieron para abordar este complejo tema, que estudia la Epigenética, en una jornada de dos días en Washington. Allí discutieron nuevos hallazgos que sugieren que los productos químicos en nuestro medio ambiente y en nuestros alimentos pueden alterar los genes, dejando a las personas vulnerables a una variedad de enfermedades y trastornos, como la diabetes, el asma, el cáncer y la obesidad. Igualmente, debatieron sobre si las agencias reguladoras y la industria debían empezar a examinar los miles de productos químicos que están hoy en día en uso a estos efectos.

"La exposición a sustancias que alteran los genes, en particular en el útero y poco después del nacimiento, puede conducir a una mayor susceptibilidad a la enfermedad", dijo Linda S. Birnbaum, que fue nombrada directora del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental y del Programa Nacional de Toxicología en diciembre. "La sensibilidad persiste mucho tiempo después de que la exposición haya terminado, incluso décadas más tarde. Glándulas, órganos y sistemas pueden quedar permanentemente alterados".

"Hay un enorme potencial del impacto de estas exposiciones, en parte porque los cambios pueden ser heredados de generación en generación. Usted puede estar afectado por aquello a lo que su madre y su abuela fueron expuestos durante el embarazo", dijo Birnbaum.

Lo que come una madre embarazada y los productos químicos a los que se expone pueden afectar a su descendencia sin causar mutaciones en el ADN, dijeron los expertos. En lugar de ello, dichas exposiciones pueden alterar la manera en que se comportan los genes de acuerdo a los estudios en animales y humanos. Estos cambios, a su vez, puede ser transmitidos a las siguientes generaciones.

Algunas sustancias químicas ambientales capacitan a los grupos metilo (átomos de carbono con tres átomos de hidrógeno) a atacar los genes, lo que los convierte en desactivadores o silenciadores de los mismos, en un momento en que deben estar activados. Cuando los genes son desactivados, no pueden dirigir la fabricación de las proteínas que son esenciales para una correcta función de la célula. Los productos químicos también puede desenrollar partes del cromosoma, causando que los genes se expresen, o se activen, en un momento inadecuado.

Sobre la relación entre dieta, salud, metilación y descendencia podemos leer en la página de la Red de Excelencia del Epigenoma lo siguiente: "Aún no está claro hasta qué punto son heredables las características epigenéticas, pero cada vez tenemos más claro cómo se establecen. Si tomamos la metilación del ADN como un ejemplo, tales adornos pueden ser el resultado de lo que mamá comió cuando estaba embarazada. Experimentos con ratones agutí han demostrado que una alimentación con suplementos ricos en metilo en hembras preñadas puede afectar a los ajustes de los controles de volúmen en su descendencia.

La demostración de que los nutrientes pueden afectar directamente al ADN es algo relativamente reciente. Aunque aún no sabemos mucho sobre cómo el silenciamiento de genes es modelado por el ambiente, existen cada vez más pruebas de que las alteraciones a la metilación del ADN durante el desarrollo pueden causar una variedad de problemas de salud que van desde el cáncer a la esquizofrenia. Sin duda, la mayor implicación de estas características epigenéticas heredables es la influencia que nuestra dieta puede tener en hijos y nietos"

"Tú ya no eres igual a como fueron tus abuelos -se lee en la web de Greenpeace- Eres, en parte, sintético. La gente de principios del siglo 20, antes de la invención y difusión masiva del uso de miles de químicos sintéticos en la agricultura y la industria, era diferente. Aquellos que vivimos en los comienzos del siglo 21, habitamos un mundo donde algunas de estas sustancias - introducidas en el pasado y cuyo uso se incremento durante las décadas de 1940 y 1950 - han estado entre nosotros y hoy en día, estas sustancias están en todas partes... incluyendo los tejidos de cada ser humano en la Tierra.

Este desarrollo es aterrador. Dentro de ti hay rastros - o, dependiendo de tus circunstancias y exposición, más que rastros - de varios cientos de compuestos químicos hechos por el hombre. Muchos de ellos son inocuos (o al menos, hasta ahora se piensa que lo son). Otros, sin embargo, se ha establecido que pueden provocar cáncer y dañar el sistema nervioso, reproductivo e inmunológico de los animales. La evidencia científica recopilada está confirmando las sospechas de que provocarían lo mismo a los seres humanos"